Aprender a planificarte es un acto que requiere cierta disciplina, no sólo para hacerlo sino para cumplirlo después: tanto una cosa como la otra son más complicadas de lo que parece. Lo primero que tienes que tener en cuenta cuando empiezas a hacerte un planning es que has de ser realista. De nada sirve que plasmes tus objetivos en el papel y luego no los lleves a la práctica; si eres demasiado exigente acabarás saltándote la planificación, este es uno de los fallos más comunes en esta disciplina.
Empieza poco a poco: tanto si estás planificando objetivos a corto, medio o largo plazo, procura añadir pequeños retos. Si vas a hacer una dieta, por ejemplo, es mejor que te exijas pequeñas pérdidas de peso. Quizás tu objetivo final sea perder 20 kilos pero si lo ves así te rendirás a mitad de camino. Es mejor ponerte pequeñas metas, como perder medio kilo en una semana. En cada revisión de tu planning procura introducir una nueva meta, pero que creas sensatamente que puedes cumplir.
Plasma tus objetivos: si bien puedes plasmar tus objetivos incluso semanalmente, mi recomendación es que te acostumbres a planificar cada mes (objetivos a corto plazo), trimestralmente (objetivos a medio plazo) y anualmente (objetivos a largo plazo). Ten en cuenta que podrás ir revisando tus metas en las planificaciones a corto o medio plazo, pero la planificación anual no podrás revisarla así que es a la que tienes que dedicarle más tiempo, incluso días. No sólo tendrás que listar las metas que esperas conseguir sino los caminos y el tiempo que necesitarás para llegar a ellas. Planificarse es un acto de sinceridad y disciplina que requiere mucha claridad así que tómate tu tiempo para dejar claro dónde estás y dónde quieres llegar.
- Planificando a corto plazo: la mejor manera de empezar a practicar las planificaciones es hacerlo mensualmente. Poco a poco empezarás a adoptar el hábito y cuando lo hayas adquirido podrás mirar a medio y largo plazo. No tienes que esperar a que llegue el día 1 de cada mes para planificarlo, es una mala excusa. Cualquier día es el mejor día para empezar a planificarte. Si lo prefieres puedes empezar a hacerte plannings semanales para ir familiarizándote con el hábito, luego se convertirá en un complemento más de tu vida. Tampoco debes pasarte: deja espacio para la naturalidad y el libre albedrío; una mala manera de perder el control es tratar de controlarlo todo. Proponte pequeños retos semanales o mensuales, cosas que a primera vista pueden parecer intrascendentes pero que a ti personalmente te suponen un gran esfuerzo, por ejemplo: subir por las escaleras en vez de usar el ascensor, salir una vez a correr, leer un libro o perder medio kilo en una semana... cualquier cosa que lleves tiempo intentando y que ahora puedes convertir en objetivo exclusivo de tu planning.
- Planificando a medio plazo: la planificación a medio plazo requiere algo más de dedicación. Tres o cuatro meses pueden dar la sensación de no ser tiempo suficiente para grandes retos y ser tiempo excesivo para pequeñas metas. Lo importante aquí no es sólo establecer nuevos propósitos sino meditar sobre el método para lograrlos. Tienes que sincerarte contigo mismo, reflexionar sobre los cambios que necesitas imponer en tu vida y estar dispuesto a cumplir los pasos para llegar a ellos. Como dijo Schopenhauer: "no hay ningún viento favorable para el que no sabe a qué puerto se dirige". Márcate bien dónde quieres llegar y de dónde partes; puede parecer algo sencillo pero es el paso más agotador porque supone renunciar a muchas cosas (quizás un mal hábito, como dejar de fumar o picar entre horas). Las planificaciones son un buen complemento para los plannings a largo plazo porque te ayudan a encauzar el camino y corregir posibles fallos. Además, los planes a corto plazo pueden desviar tu fijación sobre el objetivo a medio plazo de forma que tu mente aprenda a repartir energías. Mide tu esfuerzo, empieza a poco a poco y márcate objetivos que puedas cumplir porque un pequeño éxito te incentivará a continuar y de un pequeño fracaso es más fácil recuperarse.
- Planificando a largo plazo: pensar a largo plazo supone meditar profundamente sobre el sentido de tu vida. Puede que quieras cambiar de trabajo, comenzar una carrera, emprender un negocio... cambios importantes que marcarán el rumbo de tu futuro. Decisiones así no se toman a la ligera, requieren tiempo y meditación. Párate a pensar en ello por un buen rato, con el papel y el bolígrafo a mano y empieza a apuntar tus expectativas, teniendo en cuenta tus miedos pero centrándote en lo positivo. Sé detallista pero claro en la descripción de tus objetivos de modo que cuando pase el tiempo establecido puedas responder afirmativa o negativamente a cada uno de los objetivos marcados. Escribe en tiempo presente aunque estés pensando en cosas futuras: eso te ayudará a verlo cercano y te impulsará hacia la meta (como muestra, un botón: ¿a que no parece lo mismo decir "mañana empiezo" que "mañana empezaré"? ¿a que parece más firme el primero que el segundo?). Cuando piensas a largo plazo hay cosas con las que no puedes contar, imprevistos que obviamente no puedes prever, quizás tengas que desviarte un poco del camino, no importa, no utilices ese imprevisto como excusa porque es posible que estés esperando cualquier contratiempo para abandonar tu objetivo. Ármate de paciencia y si tienes que revisar los tiempos, hazlo: es mejor tardar un poco más que no hacerlo nunca.
Una vez que tienes un plan por escrito el siguiente paso es llevarlo a cabo. No hay secreto para conseguirlo, excepto recordarte que eso es lo que buscas y que te diriges hacia el lugar donde quieres estar. Aprende a disfrutar no solo de la recompensa que supone la meta final sino de las enseñanzas que encontrarás en el camino que te conduce hacia ella.
















7 comentarios:
jO, prometo visitar y leer ésta nueva aventura tuya, Pilix. Lo de ponerlo en práctica ya es harina de otro costal. Mientras me siga sintiendo cómoda en mi desastre cotidiano... que no me lo cambien. Aunque puede que tome nota para lo de los kilos. Que tras el bombo me he quedao pelín redonda y ayer al correr en pos del bus por poco me da un parraflús. (Comentario con rima y todo, para que veas).
Buena suerte, ánimo, y gracias por compartirlo!
Uis, dudo, me hace especial ilusión que el primer comentario de este sitio sea el tuyo... ¡Gracias!
Muchísima suerte en tu nuevo "proyecto" (Dios, como odio la palabra proyecto, sustitúyela por un sinónimo más bonito)
A cada paso que das, un nuevo soporte te ofrezco. Me embobas con cada iniciativa, con cada proyecto y con ese gusanillo perpetuo que te persigue por conseguir tu pasion: escribir. Me encanta verte asin. Atero.
Gracias... ¿Qué tal te parece reto, en vez de proyecto?
Amooooor mío! Snif, snif...
Y tú siempre ahí soportándome... ains...
:(
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